lunes, 8 de agosto de 2011

De un hadas y mortales

Tenía tatuado en sus brazos el rugido del mar,
con el esfuerzo de la ola que vomitaba el agua, lo conocíó.
algo en sus alas se extremeció al verlo jugándo
entre la espuma.
él le habló, ella entendió, le respondió sintiendo el altar de sus ojos
abatidos por lo incierto...jamás..

La tarde en eterna muerte, prendida en la hoguera del ocaso..
se enamoró de sus palabras seguras, llenas de la vida...
la vida que no vería, que no compartiría jamás con ella..
Jamás...pensó que era lo mejor...

Le extrañó entre desvelos de alba repletos de nostalgia,
convulsionando en sollozos agonizantes..
por más que huyó de la tormenta, de la sensación de périda..
de caída libre... muerte segura hacia el vacío,
de esa enfermedad incurable que nos pierde hacia el infierno,
hacia ese ardor en los ojos, ese palpitar de insectos en las entrañas...
Lo imposible de su recuerdo, la extremeció de tristeza.
No podía ser, se dijo.. no sería jamás..
él era sólo un mortal... la razón impasible gritaba eso, Jamás..

jamás, se burlaba el aire en sus oídos al volar...
jamás, gritaba el eco de los riscos nevados...
jamás, jamás, decían las espigas columpiadas...
Jamás podria ser... el hombre pertenece a la mujer..
No es posible, aullaban las sirenas del navío perdido..
pero por unos instantes... por segundos talvez,
ella estaba segura, por un momento..lo fue...

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