sábado, 15 de diciembre de 2012

La mañana siguiente




Decía que no podía quedarse y se quedaba, temprano, como siempre,  con el jarro de café en la mano y la mirada vagando fuera de la ventana. Como todas las noches, se despedía para no volver, una y otra vez.
Esa mañana se fue.
Ella lavaba el fogón para preparar el desayuno, cuando sintió la soledad punzándole la espalda; creyó que era un mal aire, pero era algo más contundente y pesado.



Todo se empezó a ver borroso tras la cortina de agua.



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