lunes, 4 de octubre de 2010

India sin tí.

Desde que te fuíste, prometí no volver, pero nunca cumplo mis promesas...
Calcuta huele a basura, está desparramada por las calles y es parte de la cultura. El calor te quema los huesos y te deja inerte ante el peso de una mochila desgastada de dolor... Teresa besaba moribundos que a la vez eran besados por moscas autóctonas de ese lugar, como las vacas sin ordeñar.. Llegué en un viaje de luna, acariciándo tu barba incipiente y riéndome como loca de todo y todos. Ahora no tengo más remedio que reírme de mí. Nosé como la vida, rueda de carrusel mal engranada, me tiró a este punto perdido, tratándo de revivir aquéllo que la esperanza no deja morir...
Harta del olor a tabaco y comida picante me largo de aquí.


El tren a Darjeeling bramaba de angustia por colinas impensables. la montaña se comía el gusano de hierro que enterraba su peso sobre los durmientes. El mismo sentimiento me acompaña a no dormir, a mirar por la ventana una cascada verde que dejaría atónitos a los demás, mientras yo no percibo más que el eco del paso de los recuerdos. El tren literalmente, se pierde y nadie pretende saber dónde está.
Al llegar todo es diferente, pero intensamente igual. Los cafés impecables bajo sombrillitas de solterona, la mansa agonía de no verte por ningún lado, la realidad de la montaña me grita un adiós... Lloré de nostalgia hasta quedar dormida, sobre el piso del cuarto de hotel que da a los Himalayas.

Nepal... Desde monasterios budistas hasta tiendas de mochileros. El alivio de la marihuana que venden en cada esquina no me durmió la razón. Las careteras con grietas al infierno, sobre riscos de miedo, te dejan la consciencia perpleja con signos de admiración...
los zancudos, los calores, la ciudad es de occidente por elección.
Me canso del barullo de las voces, de la insanidad, de estar acompañada en cada momento en esta ciudad, que vende a precio de oro la soledad. Katmandú no dejaba de llover y me devolví de la estación.

No debí regresar jamás... Esta consciencia de verte en todo lado,mientras recibo picaduras de zancudos como jeringuillas de heroína en los brazos. No tiene caso, el recuerdo me asquió, el dolor me contaminó... Huí de ahí, lo antes que pude con una herida infectada en forma de corazón.

2 comentarios:

  1. Me encantan estas historias, de verdad que por un momento me sentí ahí. Genial post

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