Me quedé esa tarde mirando
la calle desierta y callada
esperando con un llanto
suspendido en luna blanca
Me quedé amarrando
una sonrisa cansada
los enlazados brazos
uno sobre otro olvidados
Me quedé divisando
una hoja elevada
ya muy rota por el viento
que con vuelos la quebraba
Me quedé sin más ruegos
sin amaneceres ni mañanas
con un jardín de luceros
tiritando en la ventana.
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